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El poeta en la taberna (I)

El que nunca fue amado por los dioses
llena la casa de altares,
cultiva su infortunio
como un regalo singular
y huye
de las mujeres y sus tentaciones.

Canto anónimo

Si, orgulloso, no quiso
más que vencer la inmensa
arrogancia de un último
paso más ambicioso
que el del sol soberano,
eso nadie lo sabe.

No hay mal que por bien…

¿Debería importunarnos
la insolente bravata
de unos cuantos, ociosos
y de mano nocturna,
que, valientes a nuestra
espalda, escriben viles
consignas en los muros
diariamente lavados?

Presagio

Lo dicen los arúspices:
vendrán de los países suspendidos.

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