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Resultados para "oveja negra".

[LA OVEJA NEGRA] La crisis actual y la tormenta que viene

GERMÁN VALCÁRCEL | La conferencia y posterior coloquio de la filósofa y profesora de la universidad de Valladolid Angélica Velasco, dentro del ciclo de conferencias de la “Universidad” feminista que organiza durante todo el mes de junio la Concejalía de Bienestar Social de Ponferrada, resultó una agradable y estimulante sorpresa, en una tierra donde miradas y relatos que se salgan de los trillados caminos del aldeanismo clasemediano son muy escasos.

[LA OVEJA NEGRA] El realismo como coartada

GERMÁN VALCÁRCEL | Hace unos meses recorrí los pueblos del municipio de Barjas, el más despoblado del Bierzo, repleto de aldeas engullidas por las zarzas, rebosantes de ruinas y silencio, pasto para la especulación y el olvido.

[LA OVEJA NEGRA] La tormenta y las grietas de abajo

GERMÁN VALCÁRCEL | Hay días que a servidor le gustaría elevarse sobre el cutrerío que rodea la vida política y las neurosis que aquejan a políticos y a algunos popes de los movimientos sociales de la Comarca Circular y hablarles de temas de moda, como por ejemplo de ese aplaudido y razonable sentido común del nuevo estandarte, y musa de los rojipardos y demás izquierda sin norte de este país, la aplaudida estos últimos días por su discurso ante Pedro Sánchez, Ana Iris Simón.

[LA OVEJA NEGRA] Política y opinión

GERMÁN VALCÁRCEL | Como creo que estamos todos aburridos (servidor el primero, créanme) de tener, una y otra vez, que explicar cuál es, a mi entender, el papel que debe ejercer el columnismo de opinión ante el poder, ante cualquier forma de poder, utilizaré las palabras de Étienne de la Boétie, que acerca del poder sabía bastante más que yo, como dejó probado –antes de existir los expendedores de legitimidad izquierdista, ecologista o feminista– en su ensayo Sobre la servidumbre voluntaria: «Ese que os domina tanto no tiene más que dos ojos, no tiene más que dos manos, no tiene más que un cuerpo, y no tiene una cosa más de las que posee el último hombre de entre los infinitos que habitan en vuestras ciudades.

[LA OVEJA NEGRA] La batalla de la energía

GERMÁN VALCÁRCEL | Aunque el discurso político y mediático al uso ha dado la espalda a cualquier debate relativo a un eventual colapso del sistema, en los últimos meses temas como la crisis energética o el decrecimiento, ligados al colapso sistémico, la primera como causa y el segundo como posible solución, han empezado a tener acogida mediática y han entrado en la agenda política.

[LA OVEJA NEGRA] 15M, un giro de 360 grados

GERMÁN VALCÁRCEL | Para percibir el tufo terminal de Podemos solo hay que darse un paseo por las redes sociales y por sus medios afines, y leer los lamentos de los adoradores de mitos y del culto a la personalidad, y los lloriqueos victimistas de sus viudas por la pérdida del macho alfa.

[LA OVEJA NEGRA] La identidad clasemediana

GERMÁN VALCÁRCEL | El anarquismo es de los pocos movimientos sociales y políticos que se enfrentan al poder sin buscar acceder a él, ni desde sus colectivos se busca medrar ni escalar política, social o económicamente.

[LA OVEJA NEGRA] Puente de hierro hacia el autoritarismo

GERMÁN VALCÁRCEL | En un país que, como el nuestro, a lo largo de su historia ha confundido con demasiada frecuencia prudencia con cobardía y resignación con tolerancia, es entendible el desprecio con que somos gobernados por nuestros democráticamente electos representantes políticos, unos dirigentes que no dudan en humillarnos si de ese modo consiguen someternos.

[LA OVEJA NEGRA] Un decrecentista en el Senado

GERMÁN VALCÁRCEL | El proyecto de una sociedad de decrecimiento además de ser un eslogan blasfemo en la consumista sociedad occidental, es un desafío, en el contexto de un mundo enfermo por el crecimiento global de su riqueza, la destrucción del medioambiente y la pérdida de biodiversidad.

[LA OVEJA NEGRA] Un año después

GERMÁN VALCÁRCEL | Observar a muchas personas que me rodean, hombres y mujeres a los que tengo por inteligentes y politizados, no entender lo que está sucediendo me desanima e irrita con más frecuencia de la deseable, lo reconozco, por ello aprovecho para pedir disculpas a los que han tenido que soportar mis frecuentes cabreos.